¿Sientes que dejas para mañana lo que deberías hacer hoy?

Hablemos de la procrastinación

Quizá la palabra en sí no os resulte muy familiar, pero seguramente que en alguna ocasión os habéis sentido identificados con su significado.

Y es que, procrastinar es el hecho de posponer una tarea que debemos realizar por otra que nos genera satisfacción.

Y si tenemos tan claro que deberíamos estar haciendo esa tarea, ¿por qué no somos capaces de ponernos a ello?

Pues bien, no se trata de ponernos etiquetas como que soy vago, no soy responsable,  no soy constante con aquello con lo que me había comprometido, etc. Deja de machacarte con ese tipo de mensajes, que lo único que hacen es minarnos más aún la autoestima.

La procrastinacion tiene que ver con la inseguridad y perfeccionismo que nos ponemos con nosotros mismos. Es decir, entramos en un círculo vicioso del “mal hábito”. A continuación, os dejamos una imagen que lo representa gráficamente:

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Como podemos observar, la procrastinación está relacionada con nuestro estado emocional, no con nuestra valía: esto debemos tenerlo muy presente. Es decir, enfrentarnos a esa tarea nos genera inseguridad, porque creemos que lo vamos a hacer mal, que no seremos capaces, que pensarán que hacemos el ridículo, y un largo etcétera. Por lo que dudamos de nosotros mismos, lo que nos hace no sentirnos capaces para poder realizarlo. Por lo que nuestra mente, una vez que ya ha entrado en ese estado de inseguridad y ansiedad, evita esa tarea y pide que hagamos algo que nos alivie ese malestar, algo que nos haga olvidar y con lo que disfrutemos.

Pero no nos engañemos, cualquier otra actividad que hagamos, por placentera que nos parezca, estará generando en nosotros sensaciones agradables, pero sólo a corto plazo. Piensa que es como un dique de un embalse: cuando se abra, el malestar saldrá con más fuerza.

¿Qué ocurre cuando tengo que enfrentarme a ello sí o sí? Que además de aquellos pensamientos negativos, la inseguridad y la ansiedad que nos generaba, ahora nos sentimos culpables y decepcionados con nosotros mismos. Y reafirmamos que no somos capaces de hacerlo,  incrementando mi malestar.

Las causas pueden ser muchas: como hemos apuntado anteriormente, puede ser miedo, inseguridad, el qué dirán, baja autoestima, etc.

Puede que en algún momento de nuestras vidas hayamos procrastinado. Si generalmente es una constante en nuestras vidas y nos impide seguir con el ritmo normal de nuestro día a día, es importante que consultemos a un profesional y pueda dar con la clave para manejar esa procrastinación y no dejar que sea ella quien nos controle a nosotros. Una vez superado, veremos cómo nos sentimos más empoderados y con mayor sensación de control sobre nuestras acciones.

 

Irene Garrido Ciruela
Psicóloga Sanitaria
Nº Col.: M-32382

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